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ZO-RAMERA

ZORAMERA

 

A Zo Ra la conocí en un pasillo del hotel en Las Vegas justo cuando yo estaba a punto de cometer el error de mi segundo matrimonio (esta vez sí por interés) afortunadamente me crucé con Zo Ra antes de entrar a la capilla.

Ahí iba ella, celebrando su cuarta luna de miel. Un año después me la crucé y ya había cambiado de marido, este ya era el tercero que le conocía. Aquí y muy entre nosotros, todos han muerto misteriosamente envenenados o ahogados, coincidencialmente todos en alguna luna de miel con su Zo Ra. Tan enamorados mueren que le han dejado cuantiosas fortunas, que ella ni corta ni perezosa ha sabido derrochar e invertir en su enfermiza afición por las joyas y fiestas de la alta sociedad, donde suele posar escondida tras su Martini, como cazando entre las sombras a su próxima víctima. Alguno que esté dispuesto a financiar su exitoso y extravagante negocio de tráfico de joyas, que van desde reliquias que pertenecieron a los emperadores, pasando por diamantes de sangre y piedras de cuarzo de dos mil pesos.

Para ella no hay nada que un buen Dry acompañado de una buena línea no puedan solucionar.

ZE-BRASIER

ZE-BRASIER

A Ze Brasier la conocí en un safari en el Congo, que fue mi sorpresa de 15’s. Entre el grupo de quinceañeras, la primera que me habló fue esta zebra loca, que venía tomando aguardiente junto a un par de hienas muy mal atipadas y con la risita más marica del mundo. “Me llamo Ze, ¿de casualidad tenés un cortaúñas? -preguntó- mientras se medía unas tangas llenas de piedritas brillantes.

Ahí vine a caer en cuenta que me tocó por compañeras de cuarto, una banda de la mafia africana. Ze-brasier y yo hicimos clic por ser las más rayadas, y aunque de ella los demás no sepan si es negra con rayas blancas o blanca con rayas negras, lo que yo descubrí, es que en realidad se trata de una burra peli teñida, que se escapó de una feria de Corozal, pero yo igual la amo.

Años después me la encontré en pleno Arco del triunfo en París, casi empelota modelando lencería fina de una marca muy reconocida, Victoria, pero secret. Lo más escandaloso que cuentan las malas lenguas es que la Interpol la tiene vinculada con la trata de blancas y tráfico de niños, ubicándola como principal cabecilla de la red de Zimbabwe.

Se puede decir que la marica es más rara que una zebra en tangas.

LA PAVOROSA

LA PAVOROSA

 

A esta no me la aguantaba cuando eramos chiquitas, siempre bella, soberbia, fabulosa, elegante y popular, una “niña de bien” y literalmente PAVOROSA.

Ella siempre consigue lo que desea, es a la que todos, todas y todes desean.

Adicta a los reinados desde que salió del huevo. Reina de la escuela en preescolar, reina de la antioqueñidad en el colegio, señorita Mazorquera a los 16, reina del retorno a los 17, Miss Cinderella en la feria del calzado de Bucaramanga; poco tiempo después estuvo representando a la amazonía y territorios olvidados en el Reinado Nacional de la Belleza, donde no quedó ni pa barrer.

Pero pavorosamente obstinada decidió ir a probar suerte a la tierra de sus padres, Bombay, donde concursó y ganó el título de Miss India, pudo llegar más lejos de no ser por el gran escándalo internacional suscitado tras conocerse que era patrocinada por la mafia italiana, dejando por el suelo su prestigio y buen nombre, pero segura su reputa-ción.

Se cree inalcanzable, todos la desean pero nadie se la aguanta. Eso sí, es mejor tenerla de amiga, pues conoce los secretos más íntimos de todos aquí.

LA CANI-CHECHÉ

LA CANI-CHECHÉ

Toda la vida fue la más perra del barrio, de chiquita se dejaba manosear el sapo jugando “chucha americana” a cambio de una crayola. ¡Yo la vi más de una vez!

Emprendedora, empoderada desde cachorra. Nuestra primera y única experiencia lesbi juntas la tuvimos a los 14, jugando “la verdad o se atreve” en la finca del primo de ella, un lavaperros lo más de querido, hijo de un tío que supuestamente vivía en la USA y que le mandaban siempre la última barbie, la mansión, el avión y hasta la ballena Willy con todo y acuario.

Además, la muy perra, tenía la colección más fabulosa que ustedes se puedan imaginar y ni siquiera jugaba con ellas, pero tampoco las prestaba, las mantenía ahí organizadas en repisas, la mayoría en su caja original con todos los juguetes y accesorios, literalmente todos. Yo me mantenía con esas ganas de jugar al salón de belleza Mariela’s, hacerles trencitas, teñirlas con marcador o papel globo, raparlas a todas… y nadaaa. ¡Me daba una ira menuditica!

Después de los 15’s, empezó a ganarse una rifa distinta cada ocho días, aparecía con motos, ropa, se ganó en una rifa hasta las téticas (más raro ma’) y después un caballo de paso. Esta andaba siempre con la boleta ganadora. Cuentan en el barrio que un día salió toda emperifollada de la casa y casi la devuelve la mamá a grito e’ loba herida, preguntando si se había lavado bien el talonario.

De ese tamaño mi amiga, pasó de amo en amo. Fue de las primeras y más legendarias webcamer de Medellín, cuando menos pensamos, pregunté por ella y ya estaba dizque viviendo en Miami, haciendo quien sabe qué, pero forrada en billete.

Hace días me la encontré en el hueco, fuimos a almorzar a un corrientazo, me contó que vino solo a quitarse unos biopolímeros de la cola y que apenas se recupere nos vamos pa’ cholón en el yate del amigo marrano, con el que se mantiene haciendo torcidos, cochinadas y vueltas raras. Como ella siempre tiene que poner música a todo taco, descontrolar la fiesta y empelotar a todo el mundo, desde ya me puedo imaginar el viaje de guaracha, tusi, take tarake take y chancleteo o sus ácidos episodios con todo en su inglés-bridnispirs-pop. Igual… rico el viaje de vez en cuando.